- ¡Basta! - dijo la anciana, aplastando el último
cigarrillo, contra la ceniza de otros tantos cigarrillos, como los que
decoraban todos los ceniceros de su vida, saturados de un alquitrán que sabía a
cáncer.
- ¡Basta! – se levantó la vieja de luto, sentada a
sus espaldas, con los dientes tan negros como su vestido, tan con gusto a muertes
archivadas, a lutos por catálogo, a indiferencia de siglos.
- ¡Basta! – conjuró el Último y el Primero, y, tocando con del Dedo, sin forma, el espejo, diluyó la imagen cansada y el zarpazo ladino que no llegó a concretarse.
2006
GABRIELA COCCHI DE
SANTIS
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